TIPOS DE MATERIALES UTILIZADOS EN UNA CRANEOPLASTÍA

La craneoplastía es una técnica neuroquirúrgica empleada para corregir defectos óseos en diferentes segmentos del cráneo, ello mediante un proceso de reconstrucción en el que se emplean materiales como hueso autólogo, metilmetacrilato, metales o polietileno poroso para proteger el cerebro. Es precisamente la protección del cerebro el objetivo principal de realizar este tipo de intervención, así como la restauración estética y el reducir las probabilidades de atrofia cerebral y convulsiones. Las indicaciones generales llevar a cabo esta intervención neuroquirúrgica es esperar entre tres a seis meses después de que se haya presentado un traumatismo de características que requieran la corrección de algún defecto craneal. Este tiempo de espera permite reducir los riesgos de infección y edema postraumático que se presenta como consecuencia de la hipertensión endocraneana, condición motivo de contraindicación de este procedimiento quirúrgico.

                Las primeras técnicas aplicadas en la reconstrucción craneal surgieron en la antigüedad y se cuenta con registro de que poblaciones prehistóricas utilizaban materiales naturales, como el coco o bien, plaquetas de oro para reparar defectos craneales. Posteriormente, en el siglo XVII se introdujo el uso de hueso en la reconstrucción, comenzando con el uso de huesos caninos, y no fue sino hasta el siglo XIX cuando se introdujo el uso de injerto de hueso autólogo. A principios del siglo XX se realizaron craneoplastías con hueso cadavérico y hueso heterólogo de ovejas y vacas, pero su uso fue descartado cuando se generaron mayores conocimientos obre los procesos inmunológicos, específicamente los referentes a la transmisión de enfermedades y la histocompatibilidad. A mediados del mismo siglo se desarrollaron otros materiales y se introdujo el uso del metilmetacrilato y el titanio en procedimientos de craneoplastía. Actualmente, como ya mencionamos, los materiales más empleados son el hueso autólogo, el metilmetacrilato y el titano. De hecho, los diferentes tipos de craneoplastías existentes son clasificadas  según el material empleado para la corrección de los defectos óseos a nivel craneal: de hueso autólogo, de autoinjerto y de aloinjerto.

                Hoy en día se sabe que el material empleado en debe tener capacidad de crecimiento, resistencia a la infección, no debe conducir el calor, debe ser radiolúcido, no ionizante, estable, inerte, no corrosivo, maleable, esterilizable con propiedades biomecánicas que resulten similares a las del cráneo y económico. Se distinguen dos grandes grupos de injertos, los autoplásticos y los aloplásticos. De ellos, los autoplásticos son los más recomendados ya que los aloplásticos pueden presentar complicaciones por su respuesta al estrés térmico, mecánico y eléctrico, además de requerir una manipulación para adaptar el material al defecto óseo de manera individual y el resigo de infección que su comportamiento como cuerpo extraño avascular. Mientras tanto, los injertos autoplásticos tienen un menor índice de infección pues se incorporan al tejido vivo con capacidad reparativa y reúnen las características que los hacen altamente viables para su uso en este tipo de intervenciones quirúrgicas.

                El hueso autólogo es de los injertos más empleados aunque existe cierta polémica en torno a si su uso es o no adecuado. Una de las principales desventajas de usar este material es que tiene la propiedad de reabsorción ósea. Además es un material que no se encuentra completamente exento de los riesgos de infección. La esterilización del material y otros factores como la presencia de fracturas múltiples en el cráneo y la edad del paciente favorecen la reabsorción ósea. Por otro lado, el metilmetacrilato al ser exotérmico presenta poca adherencia, por lo que no se considera un material ideal para la corrección de grandes defectos óseos. Otra característica que puede limitar el uso de este material es que causa una reacción tisular y no reproduce la curvatura craneal original, lo que puede producir un efecto de masa en los rebordes y se piensa tiene mayor susceptibilidad a infecciones que el hueso autólogo. Los metales también son empleados en está técnica neuroquirúrgica pero tienen en general desventajas por su termoconductividad, por ser radio opacos, por ser pesados y difíciles de moldear. Dentro de los metales el titanio es el más recomendado pues es relativamente liviano y radiolúcido, en comparación con otros de su tipo. El titanio es biocompatible, fuerte, no se corroe, es esterilizable, no es ferromagnético y no ocasiona reacciones de hipersensibilidad. Además para su colocación no es necesario disecar la duramadre craneal. Finalmente, el polietileno poroso tiene la ventaja de ser altamente biocompatible y ofrecer buenos resultados estéticos por ser fácilmente maleable. El polietileno poroso es fuerte y tiene una menor tasa de infección en comparación con el resto de materiales utilizados. Además se trata de un material que ofrece buena tolerancia, es esterilizable, radiolúcido, no es antigénico no es carcinogénico no es tóxico no es ferromagnético, ni es inizable, no es corrosivo y no conduce el calor. Otra característica del polietileno poroso es que requiere un menor tiempo para colocarse al no requerir de un moldeado intraoperatorio. Por otra parte, al tener porosidades se favorece la revascularización y el crecimiento tisular para el reforzado del implante en la región en que se coloque.

                Para realizar una craneoplastía se identifica, mediante la aplicación de diferentes pruebas y exámenes médicos, dónde la ubicación del defecto craneano y se expone para comenzar con el procedimiento quirúrgico. El área se libera de adherencias fibróticas y se procede a colocar elementos de protección a la duramadre como cotoniodes y gasas húmedas, mismas que servirán como molde para el material que se aplicará. En caso de que se utilice un material plástico se realiza la mezcla de sus componentes hasta que se forme una sustancia semisólida que pueda moldearse sobre el defecto óseo. En el proceso todo material sobrante se irriga con ayuda de suero frío, esto para evitar efectos sobre los tejidos blandos a raíz de las reacciones químicas producidas. Después de darle forma anatómica a la superficie con ayuda de un raspador o gubia, el cirujano realiza perforaciones en los bordes del implante por los que pasará el hilo que lo fijarán al cráneo y finalmente sutura para colocar apósitos y un vendaje. En el procedimiento se hacen varias perforaciones para evitar la formación de acúmulos entre la piel y el implante y entre el implante y la duramadre.

                En próximas publicaciones en este blog hablaremos más a detalle de la técnica quirúrgica, de las complicaciones que se pueden presentar y de los cuidados postoperatorios necesarios para una recuperación exitosa.

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